PAGINA VALDENSE

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lunes, 13 de febrero de 2012

Discurso de la Vicemoderadora de la Tavola Valdese de la Unión de las Iglesias Valdense y Metodista en Italia, Daniela Manfrini:


“Jesús está con nosotros todos los días de nuestras vidas y nos da la oportunidad de beber el agua de la vida.”

Al cierre de la Asamblea Sinodal 2012 de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata, la Vicemoderadora de la Tavola Valdese, Daniela Manfrini, expresó su saludo al Sínodo mediante un breve discurso:

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
   Con gran alegría he compartido con ustedes el trabajo del Sínodo y traigo los saludos y el afecto de toda la iglesia en Italia, en particular de la Moderadora (María Bonafede)  y de los miembros de la Tavola Valdese.
   La Moderadora ha pasado un período difícil, ya que estuvo en el hospital por una cirugía y se quedó en su casa por unos días. Es por esto que no pudo  venir aquí, algo que le hubiera encantado, ya que "es una experiencia que permanece en el corazón", estas fueron sus palabras exactas. Y esta es una expresión utilizada para muchas personas recordando cuando estuvieron aquí.
   Yo he viajado mucho en mi vida por razones de trabajo, pero es la primera vez que estoy en Argentina, y qué mejor regalo podría tener que la oportunidad de venir al Sínodo. ¡Me siento orgullosa por la invitación! Muchas gracias.
   "Quien tenga sed, venga y beba gratuitamente del agua de la vida" es el verso bíblico de este Sínodo. El agua es la fuente de la vida desde todos los puntos de vista. Estamos compuestos de 80% de agua, se puede sobrevivir sin alimento pero no con sed. En este caso, nuestro cuerpo clama por agua. Pero
Hay que tener otra sed: una sed que da vida al espíritu, una sed que nos permita vivir la verdadera vida en Cristo. El agua que necesita el hombre para su supervivencia en la tierra adquiere un mayor valor cuando se presenta como agua para el espíritu. Dios nos da la oportunidad de disfrutar de esta agua de forma gratuita. Dios no hace distinciones, y la hace disponible para todos aquellos que tienen sed. Sed de conocimiento, sed de amor, sed de justicia, sed de libertad. Sólo el agua que fluye del amor de Dios por cada ser humano realmente quita la sed, la otra nos da la vida, pero esta nos da la verdadera vida.
   Beber el agua de la vida, como beber vino en memoria del sacrificio de Cristo, no es un acto individual. Es un acto asambleario,  en el que la comunidad de los creyentes está unida hacia un mismo objetivo: el reino de Dios.
   Juntos, entonces, al beber, los creyentes están llamados a compartir el agua con toda la humanidad. Ellos están llamados a actuar con las herramientas de la realidad humana, tratando de traducir este regalo (la posibilidad de beber del agua de la vida) en las acciones para los prójimos. Ayuda material, apoyo, compromiso político y social, afirmación de la justicia y de la libertad y la igualdad entre hombres y mujeres, porque son iguales ante Dios deben ser iguales en la tierra. Sabemos cuánta necesidad hay en este mundo donde la opresión, la guerra, el hambre, la pobreza y la injusticia son los verdaderos gobernantes de la humanidad. ¿Qué tan lejos estamos del Reino de Dios e del amor por el prójimo que Jesús nos enseñó?
   Ahora, en e! libro de Apocalipsis, Juan escribe: "Jesús confirma la verdad de este mensaje: Sí, yo vengo". En el momento que Juan escribía estaban pensando en un retorno a corto plazo, midiendo el tiempo en base a parámetros humanos. Pero no importa, porque Jesús está con nosotros todos los días de nuestras vidas y nos da la oportunidad de beber el agua de la vida.
No debemos cerrar los ojos o las orejas,... más bien nuestros sentidos deben estar siempre alerta, porque para la sed que sentimos se nos dará a beber y nos dará la fuerza para cambiar nuestro tiempo. No hay necesidad de esperar a  Dios: Dios está siempre a nuestro lado, si sabemos sobre el agua que hay para beber.

Vicemoderadora de la Tavola Valdese, Daniela Manfrini


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