PAGINA VALDENSE

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martes, 23 de octubre de 2018

Dios, la Tierra y el Pueblo



Nuestro vínculo humano con la Tierra es siempre un desafío. Es un vínculo que tiene que ver con la situación en la que uno/a vive, la cultura de la cual es parte, los sistemas económicos y políticos que predominan en quienes gobiernan y el poder que fueron adquiriendo quienes se convirtieron en propietarios/as de la tierra. Comprender esto es fundamental para entender la posición que asumen países, pueblos, comunidades de fe (iglesias). Abordar un tema que relacione a Dios, la Tierra y el Pueblo nos invita a reflexionar bíblica y teológicamente acerca del lugar que ocupa este vinculo en nuestra vida y en las actitudes de las iglesias, en sus prácticas, testimonios y pensamientos.


I.- Desde la visión bíblica. Podríamos dedicar muchas carillas para escribir considerando los relatos bíblicos. Cómo el pueblo de Dios, a partir de los testimonios del Antiguo Testamento, vivió y recibió mandatos que determinaron actitudes y formas de organización en los espacios que ocupó en su camino hasta establecerse en lo que se llamó, en ese testimonio: «Tierra Prometida». Podemos señalar sintéticamente algunos puntos que se refieren a los fundamentos que deberían permitirnos, hoy, ubicarnos con relación al uso, tenencia y formas de preservar la tierra. a) Sobresale una primera afirmación acerca de quién es el dueño/a o propietario/a de la tierra;  la Fe Judeo-Cristiana ha reconocido y confesado que es de Dios, creador y señor de todo. b) La tierra es el espacio donde los seres humanos/as deben buscar las formas de convivencia y organización que permitan vivir en Justicia. c) La tierra tiene la riqueza suficiente para que la humanidad viva bien, teniendo todo lo necesario para que lo haga con dignidad. d) Nadie puede hacerse dueño/a a perpetuidad de la tierra, y menos aún, utilizar espacios impidiendo que otros/as puedan disfrutar de sus riquezas. Creo que a partir de esta síntesis, recordando textos bíblicos (Levítico 25:23 sgts; Deuteronomio 8:7-10; 15:14; 24:19-22;) podemos avanzar en la reflexión a fin de encontrar, a través de la meditación de la Palabra, el diálogo comunitario y el compromiso con el llamado que Dios hace a su Pueblo, los y las creyentes, formas de testimonio que eviten las contradicciones. Digo contradicciones pensando en que si afirmamos que la Tierra es de Dios y nadie la puede tener a perpetuidad, y menos aún quitársela a otros/as, apoyar a quienes hacen esto, nos aleja del fundamento de nuestra fe.




2.- Nuestra tradición y los saberes acumulados. Reconociendo que la iglesia valdense -desde la perspectiva que escribo- tuvo y tiene mucho que ver con las colonias, podemos animarnos a dialogar en nuestras comunidades y abrir también un espacio de reflexión que nos permita ofrecer testimonio de lo que hemos recibido desde la reflexión bíblica y de nuestra experiencia de vivir en vinculo permanente con la Tierra. Creo que esa tradición de vivir en espacios, parcelas, predios que siempre tuvieron un límite, es decir, una cantidad limitada de tierra para cada familia, debe ayudarnos hoy a mirar la realidad de nuestros pueblos y países con criterios diferentes a los que utilizan quienes dirigen los Estados. 

Si la tierra que trabajamos es suficiente 
para vivir con dignidad, que sucede cuando 
avanzamos más allá de lo que es suficiente, 
aumentando propiedad.


Creo que a la base del testimonio de muchas familias que habitan en colonias o tienen espacios de tierra suficiente para vivir dignamente, podemos dar testimonio de lo que Dios propone, espera de sus hijos e hijas. Tenemos una enorme riqueza que viene de esa experiencia y comprensión del mensaje de la Palabra, que nos permite mirar con ojos diferentes a los que utilizan otros/as para su relacionamiento con la tierra. No estoy hablando de asumir posturas de superioridad o de pureza ética; me gustaría reflexionar acerca de lo que hemos recibido como herencia. Herencia que no es la tierra en sí, sino la posibilidad de vincularnos con ella a través del trabajo,  la convivencia humana y las diferentes formas de organización que nutrieron nuestro pasado (Colonias, Cooperativas, Sociedades de Fomento, etc.). Esto podemos reconocerlo tanto en las Comunidades de fe de Uruguay como de Argentina. Quizá usted, como lector o lectora, podría decirme: «pero eran otros tiempos!» Y sí, pero esas respuestas, justamente fueron dadas para tiempos que también tenían otros modelos de uso  y tenencia de la tierra. Fueron también respuestas a  modelos políticos-económicos que no tenían la visión bíblico-teológica que orientaba y debería orientar hoy nuestro actuar en la sociedad en la que vivimos. Me refiero en este párrafo sólo a eso. Y vivimos un tiempo oportuno para reflexionar a partir de los mandatos bíblicos y de las sabidurías acumuladas.


3.- Vinculo con los pueblos originarios a partir de esas vivencias. Hablar de Dios, Tierra y Pueblo nos lleva a hablar de los pueblos Originarios. Más allá de lo sucedido en los tiempos de colonización, en el que muchos de nuestros antepasados fueron ubicados en fronteras de «ocupación» que servían de habitad de pueblos antiquísimos, hoy somos invitados/as a colocarnos al lado de estos pueblos. Desde hace muchos años nuestra iglesia se comprometió con otros hermanos y hermanas de diversas iglesias a compartir la fe y los postulados bíblicos con pueblos originarios de nuestra Latinoamérica y de otras regiones del planeta. Creo, y me atrevo a compartirlo luego de muchos años de trabajar en el norte argentino con pueblos originarios, que tenemos una oportunidad maravillosa de testimonio. 

No sólo confesar que la Tierra es de Dios, 
que su riqueza es suficiente para que la 
humanidad viva bien, sino a actuar 
para que los derechos de estos pueblos 
no sean pisoteados y anulados 
por la voracidad de intereses económicos 
que actúan como si la tierra fuese de ellos.


Intereses económicos que una y otra vez encuentran intereses políticos que los protegen, encubren, alientan, a tomar los espacios de Tierra que luego son utilizados para beneficio de minorías. Espacio de tierra que fue, por siglos, hogar para vivir de miles y millones de humanos, también hijos e hijas de Dios.

Cada uno/a de los integrantes de las comunidades de fe, reconociendo los mandatos bíblicos y la sabiduría de nuestra tradición, podemos ser solidarios y actuar como hermanos y hermanas en Cristo con estos pueblos. En esas tierras desarrollaron formas de vida, trabajo, convivencias, creencias que le son arrebatadas, coartando el derecho a vivir con dignidad.

Ver como son violentados y destruidos sus espacios de vida, debe ser motivo de reflexión y acción para quienes hemos recibido la buena nueva del mensaje de fe encarnado en el testimonio bíblico. Seguramente que el Señor de la Vida nos ofrece, también hoy, oportunidades de vivir en el Amor. No estoy hablando de ir para allá, más bien de tener actitudes acorde con ese testimonio bíblico y esa sabiduría que nos permiten reconocer que en esta tierra que tenemos a préstamo, Dios nos llama a vivir como cristianos/as, siendo solidarios/as con los pueblos más desprotegidos. Reflexionar como pueblo que vivió acorralado, perseguido, maltratado pero a su vez acompañado por el Amor de Dios, es hoy motivo de desafíos que somos invitados a asumir con firmeza y confianza.


Hugo R. Malán



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Artículo publicado en Página Valdense en la edición de Junio 2018

miércoles, 4 de julio de 2018

Medios de comunicación, sociedad y opiniones

Por Laura Michelin Salomon Geymonat.- Los medios de comunicación, sin importar su escala a nivel público (tal como lo es el Página Valdense) ven la realidad desde una determinada mirada editorial (aspectos políticos e ideológicos) que se manifiestan en la totalidad del medio. Desde la elección de las personas que lo integran, su periodicidad, su formato (si es impreso o digital), su tamaño, las temáticas de cada número; éstas características remiten a una forma de pensar, a una forma de conciliar aquello que nos atraviesa socialmente y que -mediante estas líneas- podemos analizarla, compartirla y pensarla con otrxs.

Entonces, desde este lugar de poder tener la palabra y el medio para transmitirla, se construyen sentidos, discursos, opiniones, en las que unx puede o no estar de acuerdo, pero responden a una decisión editorial, un recorte sobre lo que se quiere comunicar y cómo se lo quiere decir: los temas que se abarcan en cada edición, desde qué perspectiva se los trata, a quienes eligen para colaborar, entre otras cuestiones.
 
Si de medios se trata…
De un tiempo a esta parte, los medios de comunicación han atravesado una fase de pérdida de credibilidad y objetividad cuasi absoluta, aspectos de los cuales el periodismo había gozado de buena salud por lo menos hasta el siglo XX. Asistimos a una época considerada como una nueva «revolución tecnológica» y con ella, un acercamiento entre el usuario/audiencia a los hechos y una posible difusión de la misma.


Por lo pronto, lo que podemos observar como un cambio principal, es la posibilidad de acceder a los hechos noticiables «de primera mano», sin esa intervención mediada por los medios de comunicación. Nosotros, lxs ciudadanxs, podemos ser «potenciales» informantes, que están en el lugar del hecho, en el momento exacto, registrando una situación particular.


Con este avance de las nuevas tecnologías en mano de lxs usuarixs y la utilización de las redes sociales como plataforma masiva que permite una «democratización de la palabra» y un acercamiento inmediato de manera global, aun así, seguimos teniendo esa confianza en los medios de comunicación masivos. Tanto la televisión, el diario, la radio -como los principales exponentes- siguen siendo la fuente de información de noticias que llegan a diario y de manera constante, al menos en los sectores etarios de 25/30 años en adelante.


Los medios, a través de su poder social como espacios de información, de conocimiento, de visibilización; generan una circulación de discursos, que en general, se construyen de manera estandarizada, con rasgos de estigmatización. Al regirse muchos de ellos por los valores de la primicia y la competencia, se comunican noticias falsas, sin chequear, con modelos y formas estereotipadas.


El devenir de los medios de comunicación en empresas y en grupos de medios (siempre hablando de los medios de comunicación masivos), la información como mercancía, la posibilidad de regulación y de legislación sobre los mismos, han generado en Argentina, una quita del velo de verdad y de objetividad, sobretodo, hasta hace unos diez años atrás, al menos, aspectos cuasi impensados de poner en cuestión de forma más activa. Entender que la agenda mediática está construida por múltiples factores (sociales, políticos, económicos, entre otros) y que muchas veces, el poner en la superficie ciertas temáticas desde los medios, puede generar un tipo de consenso y opinión en la sociedad de forma más activa y rápida.


Me parece importante poder poner en foco al menos en pocas líneas, esta cuestión en la que los medios de comunicación son generadores de opinión, eso no quiere decir que los receptores puedan absorber los mismos de manera acrítica, sin poder procesar nada de aquello que ven, escuchan, leen. En este sentido, en los estudios de comunicación es una tensión y desde los años 80 en Latinoamérica, se comienza a pensar en la recepción de quienes son los destinatarios de esos discursos, de esas informaciones. Esta perspectiva se enfrenta a la visión instrumental de la comunicación, de los medios, reinante hasta el momento sin considerar las capacidades, las experiencias, el potencial de análisis y de recepción de justamente, los receptores de esos mensajes.[1]



¿Qué opiniones recibimos?
Los discursos que percibimos en general están construidos por estereotipos, generalidades, como un combo de verdades, un paquete cerrado. Y pareciera ser que hay ciertos grupos o públicos que ya están destinados a ser tratados de una forma, estigmatizadora, como lo son: la juventud (según la historia, la juventud está perdida), las minorías sexuales (son tratados como algo «distinto» que se sale de la norma) y las mujeres (que parece que ahora somos noticia por lo que manchamos, escribimos y rompemos, pero no porque nos matan cada 18 horas), los inmigrantes (acusados de ocupar lugares sólo para los «nativos» y como responsables de los mayores crímenes y actos delictivos del país). Estos son algunos casos que presento a grosso modo y desde mi perspectiva, si ustedes analizan en cualquier medio, seguro encontrarán más.


Así mismo, como no todo tiene un valor negativo, creo que lo que se informa y se pone en la agenda mediática, permite una visibilización y una llegada masiva y expansiva de temáticas que tal vez en lo cotidiano no se traten. Acá quiero detenerme en el tema de la legalización y despenalización del aborto en Argentina. Es un tema que al interno de los grupos feministas se viene trabajando y luchando desde hace décadas, y en los últimos años ha tenido mayor repercusión tanto en las calles, en los movimientos sociales y en los medios de comunicación, en particular, sólo desde el periodismo con perspectiva de género. En estas semanas, vivimos algo excepcional: el tema es tratado en primera plana en el principal programa de noticias de espectáculos del país. Entonces, ahí surge la pregunta: ¿cómo pasamos de la invisibilización mediática del tema, de la escasa cobertura, a estar hablando en casi todos los programas televisivos sobre el aborto? Condiciones sociales y políticas hacen mella, y confluyen en la escena mediática como una forma de presencia y de espacio de exposición de ideas y debates sociales.
 
¿De qué conversamos?
En las charlas con compañerxs de trabajo, en los medios de transporte públicos, en el ascensor, en aquellos lugares donde nos encontramxs con otrxs, pareciera que la conversación se rompe con alguna noticia actual, o sobre la obsesión que vivimos con saber sobre el pronóstico del tiempo. Y si pensamos de dónde tenemos toda esta batería de información, llegamos a que lo leímos en redes sociales, lo vimos en la televisión o lo escuchamos en la radio. Es decir, que nuestras conversaciones -ya sean superficiales o profundas- están inundadas de noticias, creencias y discursos, muchas veces impulsados desde los medios de comunicación. Esto no quiere decir que sólo seamos aparatitos que vamos por la vida repitiendo cual robot lo que vimos, sino que en nuestrxs diálogxs se permea el poder real de los medios: formar opinión. Nuestro poder como receptores es poder identificar qué tipo de opinión estamos compartiendo o refutando.


¿Cómo ser críticos ante tanta exposición a la información?
Muchas veces me pregunto cómo sería una vida sin noticias, sin estar en contacto con aquello que nos es ajeno, con esa sobreexposición a la información. Resulta ser algo casi imposible, deberíamos despojarnos de todo contacto con los medios de comunicación, con las redes sociales, no hablar con nadie… bueno, ser ermitaños en medio de una marea informática. También me pregunto si podemos de manera certera identificar cuáles de nuestras ideas, pensamientos, opiniones son «propias» (si es que puede existir esta concepción cuando sabemos que somos el resultado de una circulación social de sentidos) y cuáles son propias de nuestro contacto diario con los medios de comunicación. Ideas e interrogantes para alguna otra columna, tal vez, o si alguien quiere retomar la posta, bienvenidx.


Creo que tenemos la capacidad de poder mirar entre líneas, ese es un gran poder que debemos ejercer, casi como una propuesta política de ciudadanxs activxs frente a nuestra sociedad. Poder interpelar aquello que «recibimxs» de estos grandes discursos, de estas opiniones. Es una forma de velar por nuestro poder, me parece una práctica saludable y una manera de ejercer nuestra libertad y la posibilidad de «responder» o de accionar frente a discursos descalificadores, o a su vez, ser parte de la cadena de difusión y compartir con otrxs aquellas ideas con las cuales sentimos empatía. También es un ejercicio poder buscar nuevas fuentes de comunicación, espacios un poco más cercanos y con espíritu crítico y sincero. Ya sé que me van a tildar de idealista, pero si uno busca, puede encontrar.


En este sentido, un aspecto que considero positivo de este momento, algo que también vivo como usuaria/ consumidora de medios de comunicación, es que ante una oferta tan variada y diversa de medios de comunicación, se encuentran otros medios alternativos, más cercanos en realidades y con un público más participativo, y con la construcción popular y un sentir más desgranado de los discursos. En muchos de ellos, también son sustentados por aportes de sus socios (por ejemplo, Diario Tiempo Argentino y Futurock FM, ambos medios de Buenos Aires) es que uno siente una cierta libertad, o una decisión más consciente de lo que se quiere informar, y que colabora con ese poder de generar discursos.


En mi caso, trato de informarme con una pluralidad de voces mediáticas, pero habitualmente termino más emparentada con aquellos medios con los que soy afín. Hay una conciencia, asistimos a esta posibilidad de elegir sobre nuestros gustos, recorridos, como parte de un espacio más para completar o confirmar aquellas ideas que tenemos sobre lo social.


Asistimos a un momento donde, desde nuestros lugares, podemos poner en cuestión y desmembrar aquellos conceptos y discursos que nos llegan de manera direccionada, para producir un nuevo sentido en nuestros ámbitos.









Laura Michelin Salomon




[1] SAINTOUT, Florencia, en “¿Y la recepción? Balance crítico de los estudios sobre el público”, Página 9, La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2006.


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Artículo publicado en Página Valdense en la edición de Mayo 2018





martes, 3 de abril de 2018

La Reforma y la adhesión del movimiento valdense

Introducción
Apreciadas/os lectores, varios artículos sobre la Reforma en su dimensión amplia pudimos leer en Pagina durante el año. Sin duda que el propósito ha sido acercar información, reflexión, que nos permita comprender en líneas generales el significado para la vida de fe comunitaria y personal como seguidores de Jesús y/o interesados en la vida humana.


Me solicitaron abordar, en forma breve, el significado y algunas consecuencias de la decisión del Movimiento Valdense de adherir a la Reforma en la Asamblea de Chanforan 1532. Trataré de acercar al lector/ a algunos pensamientos que nos ubiquen en ese tiempo y de alguna manera poder ver hoy cuales son los desafíos y posibilidades que como Comunidad de Fe debemos tener presentes.

1.- Signos visibles sostenidos por el Movimiento Valdense durante los primeros trescientos años hasta llegar a Chanforan.
Nace como un movimiento que busca rescatar a la iglesia de su tiempo de la pérdida de contacto con la Palabra y la vivencia cotidiana de sus enseñanzas.
Podemos darle los títulos que nos parezcan convenientes según nuestra comprensión histórica. Pero la lectura e interpretación literal de las enseñanzas
del Sermón del Monte aparecen como el signo, señal distintiva del movimiento. Esto quiere decir que su orientación es «como un desprendimiento de la estructura y modalidad que la iglesia del 1200 tenía. Es la búsqueda o intento de retornar a la lectura comunitaria de la Palabra y procurar que esa lectura
lleve a una vivencia de la fe que se aproxime a lo que encontramos en los relatos de los escritos del Nuevo Testamento. Seguro que era una lectura literal, es decir, aceptar lo que está escrito sin buscar otra cosa que no sea la aplicación en la vida cotidiana de lo que ahí se leía. Esa lectura no era, según mi comprensión como la literalidad de muchos cristianos y movimientos evangélicos hoy. Me refiero a lo siguiente: El movimiento valdense lleva a la práctica personal y social su lectura literal basada en el Sermón del Monte como guía trascendente de la Fe, mientras que hoy, la literalidad pasa más por un terreno espiritual-moral que por un compromiso ético-social. El compromiso con la predicación de la Palabra y la práctica cotidiana de responder a los ‘mínimos’ (excluidos) de los beneficios de la estructura social, económica, cultural y religiosa se convirtieron en la fortaleza del Movimiento. En ese contexto,  espacio, el Movimiento Valdense rompe con la estructura jerárquica religiosa y de alguna manera amenaza con su radicalidad la estructura social imperante en la que los poderosos dominaban la vida de las personas.


Me parece importante tener esto presente. No para repetir lo que hicieron nuestros antepasados sino para rescatar una y otra vez, aquella fuerza que
llevó al Movimiento a permanecer por siglos a pesar de las hostilidades y atrocidades a las que fue sometido.


2.- Los años previos a Chanforan.
Un segundo aspecto que entiendo debemos tener presente fue la situación de Europa previo a la Reforma y, especialmente, la del movimiento valdense.
Leyendo la información acerca de lo que pasaba en esa región donde los valdenses se movían. Lo que conocemos como Italia, Europa Central -la región
de Bohemia- Praga, Suiza, Francia, Alemania, etc- se registra un gran movimiento de búsqueda y de divergencias con la Iglesia Católica Apostólica Romana como así también con poderes políticos que actuaban en el marco del Constantinianismo -ligazón entre el poder Político y la Iglesia-. O si se prefiere,
unidad entre Iglesia y Estado. Encontramos en la historia que el movimiento valdense tenía vínculos con varios grupos disidentes con Roma. Menciono a título de ejemplo a los Husitas. Seguidores de las ideas y prácticas filosóficas y teológicas de Juan Huss, que si bien era alemán, vivía y ejercía como profesor en la Universidad de Praga. Su predicación fue tan fuerte apoyándose en la lectura bíblica -como los valdenses- que en 1414 murió en la hoguera.


Uno puede entender porque el movimiento Valdense permanecía semi oculto. Decimos semi oculto porque por mucho tiempo optaron por hacer lo que Nicodemo hizo en el tiempo de Jesús. Recordamos (Juan 3:1sgs) era un judío que ocupaba un cargo importante como fariseo. Sin embargo de noche fue a
ver a Jesús. De ahí que a los valdenses se los consideraba, en ciertas regiones, como Nicodemitas. Digamos, Vivian una fe evangélica pero participaban de actividades en la sociedad e iglesia para que no se los matara o persiguiera. Esto nos permite ver también que el movimiento no tuvo estructuras  organizativas, tampoco doctrinales y de espacios físicos, debido a esa realidad. Los ‘barbas’, que eran predicadores itinerantes -recorrían la región- instruían, fortalecían y ayudaban a permanecer en la  fe nutrida en las enseñanzas bíblicas, especialmente en el Sermón del Monte. Y no podemos olvidar que, ya en los comienzos del movimiento valdense, las mujeres predicaban.


3. La Reforma y los contactos del Movimiento Valdense. 
Como parte del panorama descripto anteriormente, es fácil imaginarnos que ‘los barbas’, venían encontrándose y dialogando con quienes, en conocimiento del pensamiento Reformado, en los comienzos del 1500, empezaban a analizar la posibilidad de tomar ideas, doctrinas, más elaboradas que ayudase a fortalecer el movimiento. Podemos discutir si ya era difícil o insostenible como piensan
algunos historiadores, que los valdenses pudiesen sobrevivir a una persecución tan dura. Sería un atrevimiento de mi parte decir que sin esa adhesión los
valdenses hubiesen desaparecido. Creo que esa adhesión, buscada y también sugerida desde las tiendas Reformadas, le dio sostenibilidad en algunos
territorios, pero también le dio mayor amplitud a la Reforma que de esta manera penetra en territorios que no hubiese sido posible, por lo menos sin costos más altos en vidas. No pensemos que la adhesión fue sencilla. Hubo muchos contactos y uno puede buscar más información si analizamos las gestiones de personas como: Gonin, Jorge de Calabria Masson, Morel, Farrel, Ecolampadio, para mencionar algunos. No tenemos mucha información de los debates en Chanforam, excepto las decisiones que allí se tomaron y que  posteriormente en una Asamblea en Praly (1533) se confirman. 


4.- Que se obtiene y que se pierde en la Adhesión. 
Tal vez no son palabras apropiadas las de obtener y perder, sin embargo pueden ayudarnos a mirar qué pasó y pasa con el movimiento valdense en su accionar, en la organización y en la forma de confesar su fe. Es claro que en los años siguientes aparecen los pastores, fundamentalmente preparados en la Europa Reformada. Con impronta de idioma francés; con el concepto de establecerse en una zona, dejando de lado la tradición itinerante de los ‘barbas’.

Se definen doctrinas que abiertamente alejan al movimiento de ciertas tradiciones católicas o por lo menos de ciertas prácticas culturales, si podemos
decir así. Podemos ver que esa orientación fortalece el predominio de los clérigos preparados sobre los laicos; y los laicos, aunque con preparación limitada, recorrían los poblados y las montañas.


Aquí tenemos un primer elemento que vale la pena analizarlo pensando en la realidad de nuestros días en las comunidades de fe de la iglesia valdense.
Creo que esa itinerancia de los ‘barbas’ daba una orientación de Movimiento que pierde fuerza en la nueva estructura. Se gana en organización y refuerzo
del pensamiento doctrinal evangélico. Pero, ¿el compromiso surgido de la obediencia al Sermón del Monte se mantiene o se opaca en la nueva orientación? Más de una vez me he preguntado por esta impronta de movimiento que recorre caminos encontrándose con la gente y respondiendo a sus necesidades. Pensaba, cuando me pidieron este artículo, que es una mera introducción a aquellos sucesos, qué pasa con nuestro compromiso de fe hoy.


Hace unos años, muchas de nuestras comunidades o iglesias, tenían compromiso social; compromiso de participación de los miembros en tareas donde la impronta de fe Evangélica trasmite valores éticos que son escasos en la sociedad de nuestro tiempo. Muchos lectores pueden recordar -Trabajos como: la chapita (Paysandú), el ranchito (Juan Lacaze), bajada Club comercio y la virgencita (La Paz), el CUNP (Villa Jardín en Buenos Aires), Barrio Borro (Montevideo), el pueblito (Tarariras), Barrio Nuevo (Reconquista) y seguro que me olvido algunos.- ¿En cuántos de ellos seguimos trabajando? ¿Cuantos quedan de esos lugares donde poníamos en acción nuestra fe? ¿O cuántos nuevos hay? O alguien me va a hacer creer que esas necesidades desaparecieron. Pero tal vez alguien pueda decirme que hoy tiene otras
manifestaciones. Bueno, quiero verlas. Pienso que hemos perdido esa impronta y eso debilita nuestra presencia y testimonio en medio de una sociedad
donde el valor de la Vida ha perdido sentido. 


Para pensar, nada más. Me hubiese gustado ahondar en estas consideraciones pero se acabó el espacio que me ofrecieron.

Hugo Malan 


 

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Artículo publicado en Página Valdense en la edición de Diciembre- Enero 2018