PAGINA VALDENSE

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miércoles, 2 de agosto de 2017

Página Valdense - Edición julio 2017

Rompiendo el corsé:
por reflexiones liberadoras

Notas principales: 
- Movimiento feminista y diálogo con nuestra iglesia- Por Claudia Tron 
- Las teologías feministas en un camino amplio y compartido- Por Marisa Strizzi 
- El feminismo y los varones sensibles- Por Daniel Jones



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lunes, 26 de junio de 2017

Cómo incluir el cuerpo en nuestra espiritualidad cotidiana



La autora de este artículo es maestra en educación inicial y común. 
Es educadora sexual y también estudiante de psicología. Por años fue 
tallerista en el Parque XVII de Febrero en relación a la formación y 
capacitación de líderes aportando miradas vinculadas al cuerpo, 
fue coordinadora del Hogar Estudiantil de la Iglesia Evangélica en 
la ciudad de Montevideo buscando, junto a Javier Pioli, introducir 
perspectivas corporales en la convivencia espiritual desde la fe.

En esta oportunidad, nos comparte su opinión sobre la importancia 
de vivir la espiritualidad, también, a través del cuerpo.



Cuerpos excesivamente expuestos. Cuerpos objetos. Cuerpos desconectados. Cuerpos segmentados por lógicas biológicas, políticas, sociales, sexuales y religiosas. El cuerpo parece haberse convertido en un proyecto por el cual hay que trabajar, por un lado, cuerpos internos que respondan a la felicidad y la elaboración personal; y por otro, cuerpos externos que cumplan con las normas contemporáneas de belleza. Estos cuerpos segmentados responden a una sociedad que se ha desarrollado en función de grandes dualismos, como el bien y el mal, alma y cuerpo, inocencia y culpabilidad, etc. Donde los extremos representan una virtud o la falta de virtud, donde para responder a todas estas normas quedamos atrapados y atrapadas en formas negativas de vida que nos dañan, y nos impulsan a una búsqueda constante de felicidad que nunca alcanzamos, porque en realidad buscamos el ideal de la felicidad.



De nuevo, cuerpos deprimidos, cuerpos enfermos, cuerpos ansiosos y como dice Luis Gonçalvez: «Nos contentamos con poco, nos afectamos con poco, nos aproximamos poco: la vida se va transformando en un régimen afectivo de la indiferencia, del aislamiento y/o de prepotencia urbana, en donde la solidaridad, el apoyo mutuo, las matrices grupales de ser -en- grupo se van perdiendo en un movimiento progresivo de despotencialización del deseo y de alienación social» (Gonçalvez Boggio, 2009).



Ante todo este panorama, creo que es necesario pensar hoy en qué es el cuerpo, y reflexionar en cómo incluirlo en la espiritualidad cotidiana para no quedar atrapados/as en lógicas que dañan, además de poder elucidar aquellos momentos cotidianos en los que nos vemos acorralados/as por mandatos a los que no logramos responder de forma efectiva y feliz. Si logramos derribar la idea fragmentada de cuerpo físico -mente y alma- y podemos pensarlo como ¨encuentro de intensidades¨ y como ¨potencia¨, poseedor del poder de afectar y ser afectado, creo que podríamos encontrarnos con nosotros/as mismos/as y con otros/as. ¿Por qué incluir al otro/a en este encuentro? Porque un cuerpo cuando se encuentra con otro se afecta, y afecta al otro/a, se intensifica o no, se hace más fuerte o más débil. Si logramos encontrarnos con nuestros cuerpos, conectarnos, sentirnos y conocernos, lograremos ser capaces de reconocer cuando algo nos afecta y nos potencia, sabremos ser capaces de reconocer en el otro/a su afección.



El cuerpo habla, aun cuando creemos estar en silencio, nuestro cuerpo expresa mensajes que influyen en otros/as, y los/as afectan; incluso podemos no ser conscientes de esto. Spinoza (filósofo: 1632- 1677) planteaba que se habla mucho de la conciencia y sus leyes, de las mil formas de mover el cuerpo y de sus pasiones, pero ¨no sabemos ni siquiera lo que puede un cuerpo¨. Haciendo referencia al hecho de que la conciencia es un instrumento ciego que no logra discernir las relaciones de composición o descomposición que experimentan los cuerpos. Desde este punto creo en la necesidad de comenzar a conocernos, poder descubrir la relación entre nuestro cuerpo y aquel que nos llena de alegría, que nos compone. Se vuelve fundamental concebir el cuerpo del otro/a como potencia que puede ser afectada y esto implica poder ser capaces de reconocer nuestro lugar en esa afección.



La espiritualidad cotidiana se vuelve un paso de lo individual a lo colectivo, se vuelve una experiencia innovadora que estimula las relaciones de horizontalidad, de igualación y diferencia. Se vuelve colectiva en el momento en que logramos comprender que los cuerpos son ¨flujos de intensidades singulares¨ que se encuentran, que en cada singularidad se expresan las diferencias potenciales de cada ser. Poder lograr un «nosotros»  que promueva relaciones afectivas abiertas a encuentros, donde se conciban las diferencias individuales como potencias, pienso que podrían ser los caminos que apuesten a la transformación emancipatoria del pensamiento, de la vida afectiva, de las condiciones materiales de existencia y podamos salir de las lógicas mencionadas al comienzo de este artículo.

Lejos de agotar este tema propongo el encuentro desde esta mirada, propongo un cuerpo concebido como potencia, capaz de mucho más de lo que somos conscientes y los/as invito A ENCONTRARSE para construir un nosotros/as lleno de singularidades intensivas que crean y emancipan nuestros pensamientos para vivir una vida plena. 



Por Natalia Bertinat Pontet




Bibliografía:

        Deleuze, Gilles (1984). La diferencia entre una ética y una moral. En Deleuze, G.: Spinoza, Filosofía práctica. Tusquets: Barcelona.

        Foucault, M. (1985) Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Siglo XXI, México.

        Gonçalvez, Boggio, L (2009). Cuerpo y subjetividades contemporáneas. Disponible en http//www.academia.edu/11497032/Cuerpo_y_subjetividades_contemporáneas.

        Telles, A. (2009) Parte II. Capítulo II.5- La problematización de lo singular-colectivo (pp. 74-75); Parte II.          Capítulo II.6- Una aproximación a la cuestión de la subjetividad (pp. 76-77). Capítulo III.3- Afirmando el porvenir. (pp. 117-154). En A. Telles Política Afectiva. Apuntes para pensar la vida comunitaria. Paraná, Entre Ríos: Editorial Fundación La Hendija.


Artículo publicado en Página Valdense en la edición de Mayo 2017


Página Valdense - Edición junio 2017

 
 
EN SUS MANOS:
GESTOS DE UNA DIACONÍA QUE NOS TRANSFORMA
 


Notas principales:
- Cuidar a quienes cuidan- Por Milka Charbonnier
- La misión diaconal como gesto de esperanza y reconciliación- Por Yanina Vigna y Alfredo Servetti
- Diaconía y desarrollo sostenible- Por Javier Pioli


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lunes, 15 de mayo de 2017

Página Valdense - Edición mayo 2017

 
Salió la edición de mayo:
DISTINTOS FUEGOS, DISTINTAS LENGUAS:
LAS VIVENCIAS DE LA FE
 


Notas principales:
- Mártires, monjes, revolucionarios- Por Javier Pioli
- Cómo incluir el cuerpo en nuestra espiritualidad cotidiana- Por Natalia Bertinant Pontet
- La lectura bíblica y la reflexión teológica con el pueblo Qom en el Chaco argentino- Por Maria Laura Tolu


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lunes, 8 de mayo de 2017

«Los valdenses fueron perseguidos y despreciados, tal como mi familia y mis vecinos por ser de la villa»












  

De raíces correntinas, crecido en Villa Ilasa –Buenos Aires- llego a nuestra iglesia contando historias que sensibilizan. Comienza su camino en una comunidad de fe siendo parte del CUNP -espacio creado por la Iglesia Metodista, la Iglesia Discípulos de Cristo y la Iglesia Valdense junto con los estudiantes de ISEDET-, se abre camino como estudiante metodista y luego valdense en ISEDET, y en el marco de la LV Asamblea Sinodal Rioplatense, se consagra como pastor de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata.




¿Cómo era la relación de la gente del barrio con el Centro Urbano Nueva Parroquia?


La iglesia era un espacio de puertas abiertas donde podíamos participar, y lo necesitábamos porque salíamos de la dictadura militar y, de alguna forma, toda la sociedad quería expresarse. Las personas del barrio se reunían en la parroquia para debatir sus problemas, también hacíamos música, teatro callejero, títeres, etc. Siempre había algo para hacer. 


Además, como comunidad de fe afrontábamos situaciones complicadas. Recuerdo una familia del barrio, el padre y su hijo tuvieron una discusión muy fuerte, y el hijo terminó matando a su padre. Nosotros estuvimos ahí, el pastor metodista Guido Bello junto con Dario Barolin fueron a la comisaría a ver como estaba la situación de este chico que había sido detenido, y mi tarea, junto a otros/as hermanos/as, fue cuidar el cadáver en la vereda hasta que llegaran los peritos. Lo tapamos con una frazada y ahí estuvimos toda la noche. Recuerdo también que justo nos encontramos con otro muchacho que salía del culto de una iglesia fundamentalista de la zona, con su biblia bajo el brazo, muy correcto; y nos preguntó que estábamos haciendo, cuando le contamos la situación no nos creía así que uno de nosotros levantó la frazada, el muchacho quedó pálido y se fue, con su biblia bajo el brazo. Ahí me di cuenta que teníamos un testimonio de fe muy muy fuerte. 


Muchos de nosotros –los jóvenes que participábamos del CUNP- somos lo que somos porque estuvo el Centro Urbano ahí, porque construimos otras perspectivas de vida a partir de la parroquia. Cuando hablamos de la misericordia de Dios, es eso… hermanos y hermanas que dieron lo mejor de sí, que nos ofrecieron a nosotros lo mejor que tenían para dar, y eso es una bendición.



¿Cuándo comenzaste a pensar en el pastorado como vocación?



Cuando terminé el secundario, a los 17 años, el pastor metodista de la parroquia, Guido Bello, me incentivó a estudiar teología en ISEDET, pero era demasiada responsabilidad aún. 


Con el paso de unos años, después de haber participado con el pastor Oscar Nuñez en el espacio reducción de daños para usuarios/as de drogas, más preparado y con una experiencia de fe más fortalecida, comencé en ISEDET como estudiante Metodista.



Al tiempo, Oscar me invitó a la comunidad de Flores y participé de los estudios bíblicos, eran alucinantes. Me sentí muy atraído. Finalmente continué como estudiante de teología Valdense en el 2006.



Después conocí la historia del Valdismo, y es muy fuerte porque la comparo con mi historia como villero, los valdenses fueron perseguidos y despreciados, tal como mi familia y mis vecinos por ser de la villa.




¿Qué experiencias o aspectos de tu pasado te marcaron fuertemente?


Creo que varias cosas. Una es que más allá del marco de violencia, pobreza, exclusión social en el que se vivía, recuerdo que había mucha unidad en el barrio. Era habitual que los domingos la gente se reuniera en las asambleas que se hacían en la cooperativa de viviendas, mi viejo era uno de los dirigentes y convocantes, allí se definían cuestiones importantes sobre la vida comunitaria del barrio. Esto me dio una referencia comunitaria, de construcción colectiva.


Otra tiene que ver con el CUNP. A mí me sirvió mucho, me ayudó a vivir una fe desde la realidad. Me ayudó a trascender la cotidianeidad de la villa que es trituradora, alienante. Por otro lado, me ayudó a tener una concepción teológica, un modo de relacionarme con Dios; me dio contenido. Siempre me pregunto cómo hubiese sido mi vida si no hubiese estado el Centro Urbano ahí, mis posibilidades se hubiesen empobrecido mucho.



¿Qué mantenes de todo esto en tu ministerio pastoral?


La experiencia de fe como una necesidad vital para poder vivir, como un plus de energía y de fuerza que en las situaciones límites te permite levantar cabeza y seguir.



Compilación de Entrevistas, una realizada por el Equipo de Prensa Sinodal, disponible en: http://www.iglesia-valdense.org/2017/02/entrevista-al-pastor-eduardo-obregon-me-siento-salvo-por-dios/; y entrevista realizada por Página Valdense.

Artículo publicado en Página Valdense en la edición de Febrero- Marzo 2017